Un iPhone sin histeria, por favor
Todos los que seguimos los productos de Apple -por necesidad o por afición- estamos acostumbrados a la montaña rusa informativa que produce la empresa de la manzana desde hace varios años, una auténtica moda tecnológica.
Junto a analistas que predicen que el año siguiente Apple se va a salir de las gráficas están quienes aseguran que sus productos están en una burbuja condenada a explotar en cuanto las leyes del mercado se impongan. Esta situación podemos comprobarla con sus binomios ordenador+sistema operativo, iTunes+iPod y, especialmente, con su último producto, el iPhone.
Una de las situaciones que más cuesta controlar en el mundo informativo de Apple es que el ritmo de Apple no es el ritmo de los periodistas... ni a veces el ritmo del mercado.
Cuando uno mira a Apple tiene que verla en su singularidad, y no es cuestión de fanatismo. Realmente no hay otra empresa que haga lo que hace Apple.
No quiero extenderme sobre las otras áreas de negocio, porque no es el momento ni el lugar, pero sí puedo usar el iPhone como ejemplo de la idiosincrasia de la empresa de Cupertino.
En el mercado de la telefonía móvil estamos acostumbrados a:
- Empresas que fabrican móviles y que quieren ser "todo para todos", tienen modelos de todo tipo, tamaños y precios, con diferencias en muchos casos tan sutiles que son indistinguibles para el consumidor.
- Operadoras de telefonía móvil que, como dueñas del canal de comunicación, han "amansado" a los fabricantes diciéndoles lo que pueden o no fabricar, han determinado lo que se puede o no vender, frenando toda innovación que supusiera un problema para sus implementaciones tecnológicas.
Y entonces llega Apple. Desde su observatorio en Cupertino (y probablemente ratificado por la experiencia personal de los ingenieros) ven que en la ecuación faltan los usuarios, que son los que sostienen todo el cotarro. Y que los móviles están muy lejos de lo que la gente quiere. Se ponen desde cero a pensar en el móvil que les gustaría tener a ellos (dato muy importante para entender a Apple: los diseños se basan en los gustos de sus propios trabajadores; si nos gusta a nosotros, le gustará a la gente).
Apple cambia la ecuación. Ya no se trata de hacer un modelo para una operadora, ni de adaptarlo a una fábrica que ya tienen. Lo que haga falta se contrata, se compra o se inventa. Pero van a diseñar un teléfono con la premisa de que a la gente le guste. Y no van a hacer un escalado de teléfonos intentando tener uno para cada tipo de cliente. No lo necesitan. Identifican un segmento de mercado y van a por él. No les interesa que su móvil (su marca) se devalúe regalando el producto. No les interesa gente que cambie de móvil cada seis meses, no les interesa... muchas cosas que sí preocupan a los que quieren ser "todo para todos".
Pocos días después de que Steve Jobs mostrase en la Macworld el iPhone y anunciase su contrato de exclusividad con una operadora, cené con una persona que trabaja en el área de móviles de Microsoft. Descartó cualquier peligro en Europa diciendo que "eso sólo se puede hacer en Estados Unidos; en Europa las operadoras tienen demasiado poder y no van a tragar".
Sin comentarios.
Una de las lecciones que Apple parece haber aprendido -¡por fin!- de sus experiencias con el iPod es que a los consumidores no nos gusta que nos anuncien un producto como disponible y que la realidad es que tarda en llegar tres o cuatro meses a las tiendas. Son cinco años de Navidades diciendo "nuevos iPods a la venta" y que pasen los Reyes, a ver si hacen magia, porque iPods no hay. Por el camino, muchos se compran otro producto, y a la próxima, si llega, pues ya caerá un iPod.
Repito: parece que con el iPhone Apple no quiere repetir errores, y está dispuesta a ir al paso -lento- necesario para asegurarse de que no pone a la venta el iPhone en un país si no puede fabricar la cantidad necesaria.
De momento, cuatro países han podido poner a la venta el producto: Estados Unidos, Alemania, Reino Unido y Francia. Es normal que en Navidades no haya ampliación de mercado -por más que nos duela-, para evitar movimientos raros en los stocks. Seguro que una vez pasadas las navidades, se abrirán paulatinamente nuevos puntos, hasta acabar el año con cobertura mundial.
A ver cómo lo explico para que lo entiendan quienes no siguen a Apple: a la empresa sólo le interesan los segmentos de mercado donde hay margen. No le interesa (ni en ordenadores, ni en reproductores MP3, ni en telefonía móvil) "mover cajas", vender al peso. Sólo le interesa el mercado que gasta dinero y que aprecia la marca.
Para todo lo demás... bueno, están todos los demás. Apple es diminuta en términos de plantilla, recursos propios de comunicación, incluso red comercial cuando se la compara con los gigantes con los que compite en sus mercados. Así que tiene que optimizar al máximo sus acciones y sus productos. Y no puede tener productos que no sean rentables, aunque le den prestigio (aún te recordamos, Cube).
Apple ha fijado su modesto objetivo de ventas (un 1% del mercado) a un año, y para ello va a poner toda la carne en el asador intentando convencer con sus armas: diseño, hardware y software. Lo que se calla, ladinamente, es que quiere quedarse con el 1% que importa, el que es fiel y deja un buen margen.
Pero me distraigo y me olvido de por dónde iba... ¿nos gustaría que Apple fuera Nokia y de un día para otro ya hubiera iPhones en todo el mundo? Por supuesto. Pero, ¿cómo aprovisionas cantidades de un producto nuevo (en todos los sentidos) que utiliza tres chips en cada aparato, de un producto caro y que, a la hora de la verdad, no sabes si se va a vender como churros o si te la vas a pegar? También es verdad que Nokia puede hacerlo porque no innova. Sólo cambia características y carcasas.
¿No será mejor ir poco a poco, probando el mercado, haciendo las correcciones que sean necesarias, mientras aprendes, mientras conoces, mientras mejoras?
Una de las polémicas recurrentes para despreciar a Apple, y acusarla de ir contra sus propios usuarios es que, con cada actualización del software del iPhone, cierra las puertas a los desarrollos de la "comunidad" de hackers.
Si se mira con objetividad, la sugerencia de que Apple debería dejar abiertas "puertas traseras", "agujeros" en sus dispositivos para que cualquiera pueda instalar software, no se sostiene por ningún lado, es rayana en el absurdo.
El argumento de que Apple, al mismo tiempo que mejora el producto, debería honrar, respetar y hasta potenciar la comunidad de desarrolladores que aprovechan fallos del sistema para instalar programas, es tan retorcido que no creo que nadie se atreviera a formularlo en persona. Son cosas de Internet, que lo aguanta todo.
Apple tiene que hacer frente a una comunidad de desarrolladores que no entienden -no quieren entender- que Apple pretende hacer negocio. Utilicemos una analogía no demasiado alejada de la realidad para representar la situación real:
Apple ha creado una máquina de hacer dinero. Esta máquina hace dinero de diversas formas. La propia máquina está a la venta. El canal de comunicación que se utiliza para que la máquina funcione paga dinero a Apple (al tiempo que gana dinero con la máquina). Los accesorios de la máquina también le dan dinero a Apple (al tiempo que ganan dinero con la máquina).
Por supuesto, quien no esté conforme con la compra de la máquina de hacer dinero de Apple puede comprar otra máquina de las que se venden en el mercado.
Apple llega al mundo de la telefonía con una reputación de seguridad, estabilidad y fiabilidad, que sin duda pretende utilizar en esta nueva plataforma como herramienta diferenciadora. Publicar prematuramente un sistema de creación de programas sin haber palpado las necesidades del mercado no le hubiera hecho ningún bien.
Puede que su obsesión heredada de la informática les juegue malas pasadas, pero siempre es preferible que se pasen de conservadores a que se empezaran a producir aplicaciones inestables o incompatibles. En todo esto del iPhone, Apple parece asumir el eslogan de la -para mi gusto- mejor cerveza del mundo: "Sin prisas por favor".
Por esa misma razón, la de la "pureza de sangre" frente a virus y troyanos, Apple está siendo meticulosamente recelosa de precipitarse en ningún paso de los necesarios para (aunque no lo digan) llegar a gobernar el mundo de los smartphones.
Dicho todo esto, ¿alguien puede dudar que 2008 va a ser un año apasionante en movilidad? Pero disfrutémoslo sin histeria, por favor.













Escribir un comentario