Steve Jobs y sus cacharritos: el MacBook Air a prueba
¿Es un concierto de rock? ¿Es un mítin político? ¿Es una conferencia de prensa?
¡No! Es Macworld Expo, el salón anual de cuatro días en San Francisco durante el cual Apple presenta sus nuevos productos a unas multitudes rendidas a sus pies.
El martes pasado, Steve Jobs desveló cuatro novedades: La primera: Time Capsule: un disco duro sin cables para hacer copias de seguridad de toda una red. Es elegante, y teniendo en cuenta que también sirve como enrutador inalámbrico, su precio no es excesivo (500 dólares con un terabyte de capacidad).
La segunda: mejoras de software para el iPhone y el iPod Touch. Una de ellas indica tu posición actual sobre un mapa de Google... lo cual resulta algo inquietante, considerando que ninguno de los dos aparatos cuenta con un verdadero GPS. (En su lugar, calculan la posición consultando la intensidad de la señal recibida de los puntos de acceso inalámbrico a Internet más próximos y --en el caso del iPhone-- de las antenas de telefonía móvil).
La tercera: películas descargables. Hay que pagar 4 dólares por los estrenos, que hay que terminar de visionar dentro de las 24 horas siguientes.
Viene a ser lo mismo que ya ofrecen Amazon, Vudu y otros, pero Apple ha llegado a acuerdos con todos los estudios de cine importantes (aunque el catálogo inicial será más bien limitado). Y se puede comenzar a ver la película en el ordenador, y terminarla en el iPod o el iPhone.
La tercera y media: nuevo software y rebaja de precio (289 €) en el Apple TV, que no se estaba vendiendo demasiado bien. A partir de ahora, este set-top box será capaz de descargar películas de alquiler (y fotografías de Flickr, y música de iTunes, y podcasts) para verlos directamente en el televisor, sin necesidad de ordenador.
Sin embargo, el último anuncio de Apple, y también el mejor, fue el insistentemente rumoreado ordenador portátil de 1,3 kilos, denominado MacBook Air (1.649 €). Apple asegura que se trata del portátil más delgado del mundo, y no sería de extrañar, pues el trasto parece descendiente de una espátula.
Es una losa de aluminio extraordinariamente hermosa, de 19 mm de grosor. Los cantos biselados hacen que parezca aún más delgado. Cuando está sobre la mesa, es fácil confundirlo con un salvamanteles.
Las otras dimensiones del MacBook Air (32,5 x 22,7 cm) no son menores que las del MacBook existente. Queda un poco de margen alrededor de la pantalla de 13,3 pulgadas y del teclado de tamaño completo, y con el biselado de los cantos se pierde algo de espacio interno.
Pero para cualquiera que comparta la admiración de Apple por la elegancia, el compromiso merece la pena. La elegante superficie de aluminio de este portátil y sus cantos redondeados hacen que sea ridículamente satisfactorio cogerlo, sostenerlo en la mano, abrirlo y cerrarlo. Cuesta quitarle la vista o las manos de encima.
A diferencia de otros ultraportátiles, en éste no se ha sacrificado tamaño de la pantalla, tamaño del teclado ni duración de la batería (Apple asegura que cada carga da para cinco horas).
También cuenta con un trackpad más amplio de lo normal, que permite deslizar, girar o ampliar las fotos y otros objetos mediante los mismos gestos con dos dedos que en el iPhone (aunque sólo en los programas de Apple).
No obstante, no es posible hacer un ordenador portátil de 1,3 kilos de peso sin sacrificar nada. Y en este equipo se han sacrificado cosas importantes.
La más difícil de aceptar: la batería está cerrada en el interior. No es posible cambiarla por otra durante un vuelo de larga distancia.
Apple ya había aplicado este truco para ganar espacio: igual que en el iPod y el iPhone, cerrar la batería elimina la necesidad de un alojamiento con paredes, terminales de contacto y tapa. Pero dentro de un par de años, cuando ĺa batería deje de cargarse, habrá que pagar 130 dólares a Apple para que la cambie por otra nueva.
El disco duro es del mismo tipo en miniatura que llevan los iPod. Sus 80 gigabytes de capacidad bastan para el trabajo de oficina, pero resultan un poco escasos para grandes fototecas o videotecas.
Tal como predecían los rumores de la red, también es posible adquirir el MacBook Air con una unidad de estado sólido de 64 gigabytes (SSD, solid state drive, otra sigla más que hay que aprender), es decir, hecha de memoria flash en lugar de discos giratorios. Al carecer de piezas móviles, un SSD es sumamente robusto. También se supone que aumenta la duración de la batería y mejora la velocidad, especialmente al arrancar y abrir programas.
Pero Apple no está destacando mucho esta opción, probablemente porque este tipo de discos aún son tan pequeños y caros: optar por el SSD añade 879 € al precio del Air. Entretanto, Apple aún no ha cuantificado las ventajas en velocidad y consumo de batería, y todavía no dispone de modelos equipados con SSD para probar.
Al igual que en la mayoría de los ultraportátiles, el Air también renuncia a la unidad de CD/DVD. Si lo desea, siempre puede usted comprar la unidad USB externa de Apple , que cuesta 89 € y es sólo ligeramente más grande que un DVD propiamente dicho.
Pero atención: Apple asegura que no hace falta una unidad de CD/DVD para nada.
En lugar de grabar CD para el coche, Apple dice que te compres un iPod.
En lugar de ver películas en DVD, Apple dice que descargues películas de iTunes.
En lugar de hacer copias de seguridad en CD, Apple dice que uses su nuevo servicio Time Capsule.
Como es evidente, tales argumentos no son especialmente convincentes, sobre todo porque la mayoría de ellos implican comprarle más cosas a Apple.Por lo menos, cuando se trata de la aplicación más
crucial de una unidad de CD/DVD (instalar programas o ejecutar aplicaciones de reparación de discos), Apple ofrece una solución alternativa gratuita.
Con el portátil se entrega un pequeño programa llamado Remote Disk, que se puede llevar en un CD o en una llave de memoria y transforma cualquier otro ordenador, sea un Mac o un PC con Windows, en unidad de CD/DVD externa para el MacBook Air. Funciona como un reloj, permitiendo incluso acceder al CD de instalación de software de Mac en un ordenador con Windows.
Más sacrificios: el Air sólo lleva tres terminales de conexión, situados en una esquina del aparato. Un terminal USB, una salida de vídeo y otra de audio.
En otras palabras, no hay terminal Ethernet de conexión a red, módem telefónico, entrada de audio ni conector FireWire. Tanto Apple como otras empresas venden versiones USB externas de todos ellos , a razón de 30 o 40 € la pieza. Pero aunque se adquiera un adaptador FireWire USB, no se podrá utilizar la modalidad de Disco FireWire, que en todos los demás modelos de Mac, sirve para conectar dos ordenadores por cable para transferir ficheros a altísima velocidad.
En otras palabras, el nombre de "Air" (aire) especialmente apropiado. No sólo describe la forma aerodinámica del portátil, sino también su incapacidad prácticamente absoluta para conectarse a través de cables.
Por último, el equipo lleva un procesador Intel Core 2 Duo de 1,6 GHz (con procesador de 1,8 GHz cuesta 270 € más). Es más rápido que la mayoría de los ultraportátiles, y no le falta potencia en absoluto: durante el día que pasé con uno de los equipos que Apple exponía en Macworld, no aprecié ni un solo contratiempo al editar vídeo con iMovie, ni al reproducir nueve pistas de audio simultáneas en GarageBand, ni al mantener un chat de vídeo con un amigo de París. Aún así, técnicamente, el MacBook Air, que llegará a las tiendas dentro de dos semanas, es el más lento de los Macs que existen en la actualidad. Hasta el portátil básico de Apple, el MacBook de 999 €, es más rápido.
Es difícil comparar el MacBook Air con los ultraportátiles Windows, ya que cada fabricante opta por renunciar a cosas distintas. Tanto Toshiba como Sony y Fujitsu fabrican modelos de menos de un kilo y medio con CD/DVD incorporado y más conectores. Pero generalmente tienen la pantalla más pequeña, el procesador más lento, la carcasa más gruesa y la mitad de memoria (1 GB en lugar de 2). Y todos son más caros.
La mayoría de ellos tampoco llevan detallitos habituales en los portátiles Apple, como el teclado iluminado, la cámara de vídeo integrada y el adaptador de corriente magnético que no se lleva el portátil por delante si tropiezas con el cable.
El nuevo MacBook también se calienta menos, admite Windows y no tarda más de un segundo en despertar del modo de hibernación. Por último, claro, está exento de virus y programas espía, y no lleva instalado ningún montón de programas en versiones de prueba.
Aún así, el Air no es un portátil para todo el mundo. Los buscadores de gangas, los contadores de funciones y la gente que no aprecia el valor de la elegancia (en general, los mismos que menospreciaron el iPhone antes de que saliera al mercado) preferirán un portátil más grande, menos caro y más completo. Debido a la pequeña capacidad del disco, a los pocos conectores y a la ausencia de unidad de DVD, el Air tampoco funciona del todo como único ordenador del usuario.
Pero como equipo secundario para viajeros, ejecutivos y conferenciantes, es espectacular. ¿Teclado de tamaño completo, pantalla de tamaño completo y cinco horas de batería en 19 milímetros de grosor? Vayan haciéndose a la idea: este portátil es un sueño hecho delgada realidad.
(c) 2008 David Pogue
Publicado en The New York Times y reproducido con permiso del autor













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